El oro ha  tenido desde la antigüedad una gran importancia para el hombre; ya para  el segundo milenio a.c., fue utilizado como patrón del valor. La  relativa facilidad de su obtención, su inalterabilidad y su fácil manejo  han hecho de él uno de los metales más preciados.

En la antigüedad, el oro se utilizó  principalmente con fines ornamentales y de culto. A partir del  Renacimiento, adquirió el papel de reserva monetaria y se empezó a  almacenar en lingotes. Las primeras monedas acuñadas en este metal datan  del 600 a.C.

A lo largo de la historia, el oro, metal duradero  y noble que mantiene su lustre indefinidamente y es de difícil  falsificación, se ha utilizado como medio de intercambio. En la  actualidad, cerca del 90% de la producción mundial se destina a los  fondos de reservas oficiales de los diferentes países, mientras que el  10% restante es empleado en joyería, la industria, la química y la  odontología.

Su número atómico es 79, su masa atómica es  179.2, y su peso especifica 19.32 gr. / cm3. Es en extremo maleable (se  pueden confeccionar laminas de pan de oro de un grosor de una  diezmilésima de mm.), y muy dúctil, por lo que a menudo es aleado con  otros metales (cobre, níquel, plata, etc.) para incrementar su dureza;  la aleación de 50% de plata y otro tanto de oro da lugar al denominado  oro blanco. La ley (cantidad de oro) de las aleaciones se expresa en  quilates: 24 quilates indica un 100% de oro; 18 quilates, un 75%, y así  sucesivamente.

Características del Oro

Su símbolo  químico es Au (del latín aurum) y junto con la plata y  el platino pertenece al grupo de los metales nobles, es decir,  resistente a la acción del agua y del oxígeno del aire, así como a la de  gran número de compuestos químicos.

Se halla en  la naturaleza en una proporción bajísima, el 0,0000005 % en peso. Es un  metal de color amarillo característico, que es blando, muy dúctil y  maleable.

El oro se presenta en la naturaleza bajo formas  diversas: en filones de rocas auríferas, asociado a otros metales (por  ejemplo el cobre) y en forma de polvo o de gránulos redondeados o  achatados conocidos como pepitas; en depósitos de arena y lechos  fluviales (placeres auríferos). Para extraer el metal que se encuentra  en dichos depósitos se procede en primer lugar al lavado (levigación) y  cribado de las tierras con un tamiz, instrumento compuesto por un aro o  armazón con una tela o una malla muy tupida, que sirve para separar las  partículas del metal precioso. Luego éstas son sometidas a diversos  procesos (por lo general, amalgamación con mercurio y posteriormente  destilación de la amalgama) hasta obtener oro puro. Cuando el metal se  halla en un yacimiento, antes del lavado es preciso el desmenuzamiento  de las rocas auríferas.

Extracción del Oro

El oro es un  metal inactivo, por lo que se encuentra en su mayor parte en estado  natural. En ocasiones se encuentra como telururo de oro.

Debido a su alta densidad, el oro metálico puede  concentrarse en charolas. En esta operación, la arena y la grava que  contienen oro se agitan con agua en una charola; las partículas más  ligeras se derraman y las densas pepas de oro permanecen en el fondo. El  oro se concentra filtrando grava molida en una corriente de agua sobre  una mesa de agitación ligeramente inclinada, que contiene diversas  barreras bajas, éstas impiden el descenso de las partículas de oro más  pesadas.

A continuación, se forma una aleación de oro con  mercurio y se retira. En la etapa posterior se destila el mercurio  dejando atrás el oro puro, éste del mismo modo se recupera de los lodos anódicos por purificación electrolítica del cobre.

El oro es tan escaso que también se obtiene de minerales de bajo grado por el proceso de cianuro.